

invadió los cuatro últimos años de la vida de Nick Drake. Poco después de la publicación de Bryter Layter, Joe Boyd vendió su discográfica 'Witchseason' a Chris Blackwell, el propietario de 'Island Records', y se trasladó a Los Ángeles. Esto supuso un duro golpe para Nick, que según su propio padre quería a Joe más que a nadie.
Como Nick se sentía tan mal, sus padres, y el propio Boyd por teléfono, le insistieron para que visitase a un psiquiatra. Al final, ya en 1971, Nick accedió. El psiquiatra le prescribió tres antidepresivos diferentes, declarando que era un caso de depresión interna, sin causas externas concretas.
Pero Nick no era constante tomando sus píldoras; lo hacía como si fueran aspirinas para un dolor de cabeza. Empezaba a tomarlas y cuando se sentía mejor las dejaba, argumentando «voy a superar esto por mí mismo». Volvió a vivir con sus padres en Tanworth-in-Arden, aunque hacía viajes esporádicos conduciendo hasta Londres.
La depresión se hizo agobiante. Nick solía sentarse durante horas en una silla, moviendo nerviosamente las manos sobre sus rodillas mientras miraba fijamente por la ventana u observaba el brillo de sus zapatos. Su amigo Paul Wheeler recuerda: «Estaba muy distante. Se fue alejando, y alejando, y alejando, hasta que simplemente desapareció».